En preparación de la Jornada Mundial de la Juventud en Corea

En preparación de la Jornada Mundial de la Juventud en Corea

1. Un inicio único en la Historia de la Iglesia

Hay un libro en italiano de 1984, titulado I padri della Chiesa coreana, que documenta el surgimiento y la evolución del catolicismo en Corea desde una perspectiva histórica y espiritual.

El texto destaca el papel fundamental de los laicos coreanos, quienes buscaron y difundieron la fe de manera espontánea antes de la llegada de misioneros extranjeros.

A través de crónicas de persecuciones religiosas, himnos sagrados y testimonios de fe, se rinde homenaje a los 103 mártires coreanos canonizados por el Papa Juan Pablo II. El volumen recopila escritos originales de figuras clave como Yi Pyok y Agostino Chong, ilustrando la resistencia de una comunidad que sobrevivió siglos de hostilidad.

En definitiva, las fuentes ofrecen un registro detallado del sacrificio heroico y del desarrollo de una identidad cristiana única en el contexto asiático.


2. Qué se preguntaban los primeros creyentes

Basado en las fuentes, los diálogos entre los primeros estudiosos que conocieron la fe en Corea, como Yu Chin-gil (Agustín) y Chong Ha-sang (Pablo), habrían estado marcados por una profunda búsqueda intelectual, una insatisfacción con las filosofías tradicionales y el asombro ante conceptos revolucionarios para su época.

Los diálogos iniciales probablemente reflejaban una crisis existencial frente al neoconfucionismo, el taoísmo y el budismo. Yu Chin-gil, por ejemplo, se preguntaba por el origen del universo, cuestionando si era el Li (principio básico) de los neoconfucionistas, el Kong (vacío) del budismo o el Mu (nada) del taoísmo.

"¿Es posible que la verdad no se encuentre en la vacuidad, sino en un Espíritu de Vida y un Señor que reside en el Cielo?"

Al descubrir fragmentos del libro Cheon-ju-sil-ui ("El Verdadero Significado del Señor del Cielo", del italiano Matteo Ricci), su conversación habría cambiado hacia la naturaleza humana.

"La verdadera naturaleza de los humanos no es crecer y engordar, sino pulir su alma hasta que brille."

Habrían discutido que, mientras el cuerpo se desintegra, el alma es inmortal y está sujeta al juicio final de Dios, una idea que Yu Chin-gil encontró maravillosa y correcta.

Un puente llamado Cheon-ju-sil-ui

El libro "El verdadero significado del Señor del Cielo", la obra fundamental del jesuita Matteo Ricci, fue escrita originalmente a finales del siglo XVI para introducir el cristianismo en China. Ricci adoptó la vestimenta y el lenguaje de los eruditos confucianos, utilizando los conceptos de la filosofía clásica china para argumentar la existencia de un único Dios creador. A través de un diálogo "preevangélico", el autor busca armonizar la fe católica con la ética tradicional china, distanciándose del budismo y el taoísmo para presentar al Señor del Cielo como el cumplimiento de las antiguas creencias locales. El libro provocó reacciones intelectuales, tanto de apoyo como de oposición, en la sociedad imperial. El genio de Ricci estableció el primer gran puente cultural y teológico entre Occidente y el mundo chino.

Palabras que sonaron como un trueno

Uno de los choques culturales más fuertes en sus diálogos debió ser la ruptura con el sistema de castas de la dinastía Joseon. En sus discusiones con sacerdotes en Pekín, los enviados coreanos se sorprendieron al aprender que China no era el centro del mundo y que los humanos no fueron creados como nobles o plebeyos.

"Los humanos son todos iguales ante Dios y todos somos hermanos y hermanas en Cristo."

Conceptos como igualdad, amor universal y libertad resonaban en sus oídos como "el rugido de un trueno".

Sed de sacerdotes

Dado que la Iglesia coreana nació del estudio independiente de laicos, sus diálogos estaban llenos de una "sed" de sacerdotes. Comprendían que, aunque oraban, había sacramentos (Confesión, Eucaristía) que solo un sacerdote podía realizar.

"Nuestra Iglesia está en un estado lastimoso; llevamos años sin pastor. Debemos arriesgar la vida para traer a los 'Doctores de Occidente'."

Sus diálogos incluían logística técnica y peligrosa: cómo cruzar la frontera disfrazados de sirvientes, cómo contactar barcos en Macao y cómo evitar que las autoridades descubrieran sus cartas al Papa, las cuales firmaban con seudónimos como "Ambrose" para protegerse.

Finalmente, sus conversaciones habrían tenido un tono de aceptación heroica. Sabían que seguir esta "doctrina extranjera" se consideraba traición al rey.

"¿Cómo puede compararse el castigo de muerte con ir al infierno? Es mejor morir dando testimonio del Maestro que nos creó."

Estos hombres pasaron de ser estudiosos curiosos a apóstoles activos, convencidos de que su misión era "abrir los ojos de la nación" a una verdad que trascendía sus fronteras.


3. Por qué el confucianismo fue el marco de la persecución

El confucianismo influyó de manera determinante en la persecución de los cristianos en Corea, ya que el cristianismo fue percibido como una amenaza directa al orden social y moral establecido por esta filosofía. La tensión se centró principalmente en los siguientes puntos.

1. El conflicto por el culto a los antepasados

El punto de ruptura más crítico fue la prohibición del culto a los antepasados decretada por la Iglesia. Para la sociedad confuciana de la época, este rito era la máxima expresión de la piedad filial, la cual constituía la base de toda la estructura social y la lealtad al Estado.

La Iglesia prohibió estos ritos por considerarlos supersticiosos. Los cristianos, al considerar estos ritos como supersticiones contrarias a la adoración del "Señor del Cielo", llegaron a destruir las tabletas de madera que representaban a sus ancestros. Los magistrados y eruditos confucianos interpretaron este acto no como un asunto religioso, sino como un comportamiento inhumano y brutal, acusando a los cristianos de "destruir las relaciones naturales del hombre".

2. La acusación de ser "sin padre y sin rey"

Desde la perspectiva confuciana, la jerarquía social era sagrada. El cristianismo fue acusado de ser una doctrina que negaba estas jerarquías.

  • Deslealtad al Rey — al priorizar los mandamientos de Dios sobre las órdenes reales, los cristianos fueron etiquetados como rebeldes o traidores. Se decía que el cristianismo era una "doctrina sin rey".
  • Abandono de la familia — al negarse a seguir los ritos funerarios tradicionales y el luto obligatorio, se les acusaba de ser hijos ingratos que "abandonaban el culto de sus padres", lo que llevó a que fueran tildados de "sin padre y sin rey".

3. Reacción de la élite literaria y el Estado

La Iglesia en Corea nació en un ambiente de literatos confucianos que buscaban renovar su propia filosofía. Inicialmente, estudiaron los textos cristianos desde un punto de vista científico y crítico en relación con el confucianismo y el budismo. Con el tiempo, muchos eruditos confucianos propusieron debates públicos para denunciar al cristianismo como una "falsa doctrina" que corrompía las costumbres tradicionales.

La persecución fue impulsada por la clase gobernante y los intelectuales que veían en el cristianismo una "falsa doctrina" que corrompía las mentes y las costumbres.

Persecución legal — en interrogatorios oficiales, como el de Yun Chich'ung en 1791, los mandarines utilizaban los libros clásicos de Confucio para exhortar a los cristianos a cambiar su conducta, argumentando que incluso los animales manifiestan reconocimiento hacia sus autores, y que el hombre debía hacerlo a través de los sacrificios rituales.

Base de la condena — el gobernador en el juicio de 1791 afirmó que, según las leyes del reino (basadas en principios confucianos), quien destruyera las tabletas de los antepasados o no rindiera los honores debidos a sus progenitores debía ser castigado severamente por actuar como un bruto.

En resumen, el confucianismo proporcionó el marco ético y legal para justificar la represión, al ver en el cristianismo una ideología subversiva que atacaba la piedad filial y la lealtad política, los dos pilares fundamentales de la nación coreana de aquel entonces. El confucianismo aparece en las fuentes como el sistema ético, social y político dominante en la Corea de los siglos XVIII y XIX, constituyendo el marco de referencia frente al cual el cristianismo fue evaluado y, finalmente, perseguido.


4. Características del nacimiento de la Iglesia en Corea

La fuerza de la comunidad cristiana coreana residía en su estilo de vida radical y en su origen único.

La verdadera distinción de esta comunidad fue que nació y se mantuvo casi enteramente por laicos. Durante los primeros 10 años, y luego por otros 58 años más, la comunidad subsistió sin ayuda de sacerdotes, asumiendo los mismos laicos la responsabilidad de preservar, propagar y formar la iglesia en medio de las persecuciones.

Uno de los rasgos más asombrosos de esta comunidad era la fraternidad verdadera, la cual hizo caer la distinción milenaria de clases sociales. En una sociedad rígidamente jerarquizada como la coreana de la época, ver a nobles y plebeyos tratándose como iguales fue motivo de maravilla y hasta de escándalo para los de afuera.

La comunidad vivía la ayuda mutua y caridad, llegando a poner sus bienes en común para instituir redes de socorro que atendían a los más necesitados. Esta práctica era especialmente visible cuando las familias de los encarcelados o martirizados eran asistidas por el resto de los hermanos en la fe.

Eran fieles a la celebración de la Palabra de Dios, incluso bajo el peligro constante de ser arrestados. Se reunían en escondites de montaña para rezar, observar los domingos y difundir el Evangelio mediante la copia manual de las Escrituras.

La comunidad asimiló los valores, sentimientos y términos del patrimonio ético y cultural coreano, adaptándolos al kerigma cristiano para que fuera accesible a la gente común. Intentaron demostrar que la fe cristiana no destruía la piedad filial confuciana, sino que la perfeccionaba al dirigirla hacia Dios como el "Padre Supremo".


5. Un lugar a visitar: el Santuario de Jinmokjeong

El Santuario de Jinmokjeong, situado en las montañas de Gyeongju, es un sitio histórico de gran relevancia para el catolicismo coreano que sirvió como refugio durante las persecuciones del siglo XIX.

Las fuentes describen este lugar como el hogar de los beatos Heo In-baek (Santiago), Kim Jong-ryun (Lucas) y Lee Yang-deung (Pedro), quienes se escondieron en una cueva conocida como Beomgul antes de su martirio en 1868.

El complejo actual alberga una iglesia conmemorativa octogonal, un cementerio simbólico y el antiguo pabellón de Jinmok, manteniendo viva la memoria de quienes practicaron su fe en la clandestinidad. Además de su valor espiritual, el santuario destaca por su entorno natural sereno y la preservación de una casa de oración tradicional coreana de más de un siglo de antigüedad. Esta "sala de comunidad" se mantiene prácticamente intacta.

Los tres mártires

Los tres mártires (Heo In-baek Santiago, Kim Jong-ryun Lucas e Yi Yang-deung Pedro) fueron capturados durante la Gran Persecución de 1866. En este periodo, los oficiales locales tenían órdenes de arrestar y ejecutar a los católicos de manera sumaria.

A pesar de estar escondidos en la remota cueva Beomgul (Cueva del Tigre), los mártires y sus familias vivieron allí durante casi dos años. Para sobrevivir, bajaban a las aldeas cercanas para pedir comida y vender zapatos de paja que ellos mismos fabricaban. Este contacto necesario con el mundo exterior para subsistir pudo haber expuesto su ubicación a las autoridades.

Finalmente, fueron localizados y arrestados por los soldados (pojol) de la comandancia de Gyeongju (Gyeongju Gamyeong). Tras su captura, pasaron unos dos meses en la prisión de Gyeongju, donde fueron sometidos a interrogatorios y torturas antes de ser trasladados a Ulsan para su ejecución.

Más sobre el Santuario de Jinmokjeong y la iglesia de Sannae · Más sobre el antiguo recinto administrativo de Gyeongju y la iglesia de Seonggeon


6. Para animar a la peregrinación

La Iglesia en Corea tuvo un inicio realmente providencial; un amor grande a los presbíteros, venidos "de fuera", y con gran estima por los locales (el primer presbítero coreano nativo, Andrés Kim, ¡fue mártir a los 25 años!); un gran amor a Roma, al Papa; un sentido de "comunidad" muy grande, con las salas de comunidad, con la frecuencia en la escucha de la Palabra y los sacramentos, con la ayuda comunitaria… Todos elementos que reconocemos fácilmente hoy día en nuestras comunidades.

La secularización, que afecta globalmente, ha arrasado gran parte de este patrimonio. Alejarse del "primerísimo modelo apostólico" —como diría S. Juan Pablo II— hace perder fuerza a la Iglesia de cualquier latitud, el impulso misionero y la disposición a dar la vida si hiciera falta por el Evangelio.

Necesitamos evangelizar, más que nunca, en Asia; los mártires coreanos nos animan, y nos muestran cómo la fe es capaz de romper todas las capas "sociales" que impiden el acceso a la verdad, como lo es hoy día la secularización.